30.4.08

A MÍ ME IMPORTA

Unos días atrás, subimos parte de “Who Cares if You Listen?” (¿A quién le importa si escuchás?), un artículo de Milton Babbitt que todavía genera discusiones en el ámbito de la música contemporánea.
Babbitt planteaba –su artículo es de 1958– que el público le trae al compositor contemporáneo más problemas que beneficios y que sería mejor que el compositor se aislase de la audiencia para trabajar, digamos, en una especie de laboratorio.
Habíamos prometido que publicaríamos una respuesta de Douglas D. Bell llamada “I Care if You Listen” (A mí me importa que escuches), de 1993. Aquí está, pues. Creemos que es la primera vez que se traduce al castellano.
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Hace treinta y cinco años, el compositor Milton Babbitt escribió un artículo en High Fidelity en el que describía el estado de la música que había comenzado tras el fin de la Segunda Guerra Mundial y que aún sigue generando problemas para los compositores. Su artículo, “Who Cares if You Listen?”, además de describir la situación moderna del compositor, trató de justificar por qué los compositores no tenían ya necesidad de un público. Antes de que termine el siglo, es preciso contestarle a Milton Babbit y pedirle a nuestro público que vuelva. Me gustaría que la generación de compositores del “Who Cares” dejara de lado esa filosofía para formar un nuevo grupo de compositores que tiendan su mano al público. ¡A MÍ ME IMPORTA QUE ESCUCHES!
Es cierto que el compositor moderno es un especialista y que está aislado del gran público. Hay que admitir culpas y entender que no se ha probado que el aislamiento del compositor con respecto a la audiencia sea una condición deseable. Desde la Segunda Guerra Mundial, los compositores se han aislado. Eso no implicó una ventaja ni fue una consecuencia forzosa de que el compositor se haya convertido en un especialista.
El compositor y el público se alejaron no porque el compositor moderno sea un revolucionario sino porque es un experimentador. En general, los experimentos que fracasan se dejan de lado. No obstante, el fracaso de los compositores se justificó alegando que el público no podía entender la grandeza de ciertas obras.
[…]
El público ya no puede confiar en los compositores. No es cuestión de escribir música popular; se trata de escribir música contemporánea que pueda sobrevivir a las críticas sin perder su valor musical. Los compositores moderno han estado proclamando que su música tiene valor. Lo cierto es que la mayor parte de la música de la última mitad de este siglo tiene poco valor y hasta se podría decir que es mediocre. El público ve la mediocridad y no va a creer que podamos entregarle buena música pues los compositores han manifestado desidia para dejar atrás las ideas que crearon este monstruo. […] Nosotros no confiaríamos en un cirujano que ha matado pacientes, con lo cual no deben sorprendernos los motivos por los cuales hemos acabado con nuestro público.
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En las fotos, Milton Babbitt y Douglas D. Bell.

29.4.08

MUERTOS DE RISA

No hay mucho que decir sobre el cortometraje documental La risa. Simplemente diremos que lo dirigió la española Lola Criado, que está filmado en MiniDV, que dura poco más de 5 minutos y que nos llamó la atención.
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Ya que estamos, dejamos tres videos relacionados con ataques de risa (recomendamos, sobre todo, el segundo).

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28.4.08

EL QUE BUSCA...

Como cualquiera sabe, el buscador Google es una enorme caja de sorpresas. Uno puede encontrar allí cosas de lo más insólitas.
De hecho, alguna gente ha llegado a La Caramañola luego de buscar en Google “soñar con serpientes”, “cosas para comprar en las cataratas” o “imágenes de triple salto”, aunque la paranoia nos incita a pensar que se trata de una broma pergeñada por la compañía que lleva las estadísticas del blog. En fin...
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Durante los últimos días, les preguntamos a algunas personas cuál había sido su última búsqueda en Google; obviamente, respetamos errores de tipeo y uso de mayúsculas y de comillas.
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1.
farandulera cocaína
2.
Pederastra
3.
monte chingolo historia su gente
4.
“t61”
5.
el final del arte arthur danto
6.
“esos ratitos que me das” sanz lyrics
7.
“ciudad de salta”
8.
Ro Art
9.
film noir
10.
extimidad o extimo
11.
lumix lx 2
12.
“Christophe Krywonis”
13.
“The Formado”
14.
dj prime kanye
15.
saltbury hill peter gabriel genesis
16.
“disritmia” zeca baleiro
17.
sebastián pineda buitrago
18.
tim roth imdb

26.4.08

AUMENTO

El grupo de Flickr Magnifying Glass reúne fotografías en las que aparece una lente (más allá de las de la cámara) que distorsiona –en general, amplifica– parte de la imagen.
Las fotos que siguen forman parte de ese grupo y pueden hallarse aquí, aquí y aquí.
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Esto nos hizo recordar la serie Between Visible & Invisible (Entre lo visible y lo invisible), de la japonesa Tomoko Yoneda, quien nació en 1965 y reside en Londres desde hace años. En esa serie, la fotógrafa muestra, a través de los anteojos que usaron personalidades como Freud, Mahler, Joyce, Hesse, Gandhi o Le Corbusier, textos que tuvieron, de un modo u otro, especial significación en sus vidas.
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Freud's Glasses - Viewing a text by Jung I, 1998: Freud's Glasses - Viewing a text by Jung II, 1998:
Mahler’s Glasses - Viewing his last symphony (No. 10), 1999:
Trotsky's Glasses - Viewing a dictionary that was damaged in the first assassination atempt on his life, 2003:
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Addenda: Fuera del grupo que citamos, encontramos esta foto en la que aparece una lente de aumento. Decidimos agregarla porque nos resultó muy divertida.

24.4.08

UN TOQUE DE ATENCIÓN

Claudio Díaz trabaja en la revista Veintitrés y hasta el viernes pasado (18 de abril) también lo hacía en un suplemento zonal del diario Clarín. Luego de que vertiera algunas opiniones personales sobre ese periódico en la revista citada, empezaron a hacerle pequeños aprietes. Por eso, el viernes pasado renunció al “gran diario argentino”.
En la carta que sigue, él mismo cuenta qué fue lo que sucedió. Aunque esta carta ya se ha publicado en muchísimos blogs, nos parece importante que también aparezca acá; sobre todo, en un momento en que el Grupo Clarín busca presentarse como un emblema de la libertad de expresión y el periodismo independiente.
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Este viernes será mi último día de trabajo en el querido Zonal Morón/Ituzaingó.
He tomado la decisión de renunciar al cargo de redactor que ejercía y, como es de rigor en estos casos, quiero despedirme de los amigos que gané durante mis siete años de permanencia en el diario y de los buenos compañeros con los que compartí muchas tardes entretenidas.
Pero no quiero irme sin antes explicarles, a ustedes y también a quienes ocupan los cargos jerárquicos de esta empresa, los motivos de mi retiro.
A fines de marzo la revista Veintitrés me pidió una opinión sobre el rol que cumplen los medios periodísticos y algunos intelectuales en la elaboración del discurso político actual.
Yo efectué una dura crítica a lo que se da en llamar el Grupo Clarín y acentué, particularmente, lo que a mi criterio había sido una clara manipulación informativa durante la cobertura del conflicto Gobierno vs. Campo, tanto por parte del diario como de Canal 13 y TN. En este caso no hice más que expresar, libremente, la vergüenza que me provocó –como periodista, pero también como simple ciudadano– el ejercicio “periodístico” del Planeta Clarín y sus satélites.
La reacción por parte de la empresa, como es de suponer, fue inmediata.
Y hasta la consideré razonable.
Es más: a uno de los colegas aludidos, Julio Blanck, le di explicaciones acerca de por qué yo lo incluía en una lista de hombres de prensa que –desde mi punto de vista– sostienen un discurso “progresista”, pero le terminan haciendo el juego al llamado establishment.
Hasta ahí, todo bien.
Lo que siguió después es distinto.
Las autoridades editoriales (en este momento no se me ocurre otro término) le comunicaron a mis jefes que “de ahora en más” dejara de escribir la página 3 del Zonal (que se supone es la más “importante”) y que me limitara a hacer –es textual– “notas blandas” .
Una estupidez, realmente.
Pero pocas horas después se emitió otra orden: que no se me autorizara a tomar la totalidad de días de vacaciones adeudados, que había pedido para esta semana. No dieron argumento alguno para justificar la negativa.
La verdad es que por ninguno de estos dos castigos tendría que haberme hecho mala sangre.
Sin embargo, dije “basta” y tomé la decisión de no seguir adelante con mi trabajo en el Zonal, harto del doble discurso de este diario, de su hipocresía, de pontificar en sus editoriales y notas de opinión una cosa para después hacer otra.
Es tanta la repugnancia que sentí por quienes posan como adalides de la libertad de expresión que me dije a mi mismo: “hasta aquí llegué”.
Quiero decir: hace más de 20 años que ejerzo el oficio de periodista; conozco perfectamente los condicionamientos que nos ponen para atenuar o directamente diluir nuestra vocación de contar y decir las cosas como uno cree que son, aun a riesgo de equivocarse.
En fin, en casi todos lados he comprobado (eso tan viejo pero siempre vigente) que una cosa es la libertad de prensa y otra la libertad de empresa.
Pero lo que viví en Clarín en los últimos tiempos superó todo… Gracias a Dios, ¡todavía tengo vergüenza!
Pero lo que ya no tengo es estómago para tragarme las cosas que hace este diario en nombre del periodismo.
A esta altura, ya no puedo soportar tanto cinismo.
Como cuando desde un título o una nota se insiste en que no decrece el nivel del trabajo en negro y las condiciones laborales son cada vez más precarias siendo que en todas las redacciones del grupo se emplea a pasantes a los que se los explota de manera desvergonzada, obligándolos a hacer tareas de redactor por la misma paga que recibe un cadete, sin obra social ni vacaciones.
Es el mismo cinismo de despotricar contra la desocupación al tiempo que se lanzan a la calle nuevos productos sin contratar a trabajadores, duplicando y hasta triplicando el horario de los que ya están dentro de la maquinaria.
Es el mismo cinismo de presionar a redactores para que se conviertan en editores, bajo la promesa (falsa) de que “algún día” se les reconocerá la diferencia salarial.
Si, como se sostiene el martes 15 en la cotidiana carta del editor al lector, “son los medios y los periodistas los que deben regularse y actuar con responsabilidad democrática”, pues bien, Sr. Kirschbaum, yo empiezo por esa tarea. Porque, si Clarín tanto se rasga las vestiduras asegurando que respeta la libertad de expresión, ¿por qué sanciona a un periodista que vierte, ejercitando esa libertad de pensamiento, una opinión?
Tengo otras cosas para decirle a usted y a quienes lo secundan (si es que a esta altura todavía están leyendo…): la demonización que practica el diario a través de un “inocente” semáforo que cumple la misión de dividir al mundo en ángeles y demonios (según el interés ideológico o comercial del grupo), ha llegado al nivel de un verdadero pasquín que nada tiene que envidiarle a las publicaciones partidarias.
Porque éstas tienen la honestidad de reconocerse como expresiones de un partido político o de un espacio ideológico.
En cambio, Clarín se imprime bajo el infame rótulo de periodismo independiente.
En pos de engrosar la cuenta bancaria se ha perdido todo decoro.
Da la sensación de que los que se llaman periodistas o columnistas ya ni sienten un mínimo de pudor por haberse convertido en contadores del negocio mediático, desvividos por saber cuánto dinero ingresa en las arcas; lo único que les falta es salir con el camión de Juncadella.
Digo esto porque ha sido patética, en la misma carta del editor del martes 15, la reacción editorial contra otros medios periodísticos competidores que estarían atreviéndose a morder un pedazo del queso que el grupo quiere deglutirse, como de costumbre, solito y solo, calificando a aquellos de miserables, travestidos y miembros de una jauría.
¡Después cuestionan a D’Elía o a Moyano por las palabras “ofensivas” que lanzan contra el periodismo independiente y democrático!
La mayoría de quienes me conocen saben de mi simpatía y hasta cierta militancia por el peronismo.
Pero también saben que no me une ningún tipo de relación con el gobierno, ni con su tan temido Observatorio de Medios, ni con los jóvenes de la Cámpora ni tampoco con sus “grupos de choque”.
La aclaración vale para que estén tranquilos y no piensen que durante estos siete años fui un agente infiltrado en el Zonal Morón.
Simplemente amo el trabajo periodístico, tengo pensamiento propio (aunque, qué le vamos a hacer, no es el políticamente correcto) y un compromiso de honrar mi oficio.
A Ricardo Kirschbaum, a Ricardo Roa y a tantos otros que mandan les digo que estoy preparado para asumir lo que venga, porque no me extrañaría que las redacciones de otros medios empiecen a recibir llamados telefónicos pidiendo que se me prohíba trabajar de lo que soy.
Tan libre me siento, tan espiritualmente íntegro de poderles decir lo que les digo (aunque les resbale), que ya no me importa si la larga mano del grupo le pone candado a mi futuro para no dejarme otra opción que trabajar como remisero o repositor de supermercado.
Me voy orgulloso de haber seguido aprendiendo lo que es vocación, oficio, dignidad y ejercicio responsable del buen periodismo.
Que me lo dieron los jefes de los zonales y un montón de amigos y compañeros a quienes no voy a nombrar para evitarles quedar marcados por mi cercanía afectiva.
Me voy avergonzado de la conducta de quienes deberían honrar el trabajo periodístico y no lo hacen.
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Claudio Díaz

DE LA CABEZA

La organización Mensa fue creada en 1946 en Estados Unidos. Reúne, supuestamente, a quienes se hallan entre el 2 % de personas con más alto coeficiente intelectual del mundo. Los principales objetivos de Mensa son el fomento de la inteligencia y de su estudio y la generación de un ámbito estimulante para los más de 100 mil afiliados.
El nombre de la organización responde al vocablo latino “mensa”, cuyo significado es “mesa”, que busca dejar en claro su carácter plural y la igualdad entre los miembros.
Mensa es una organización internacional sin fines de lucro y seguramente se trate de la más conocida sociedad de personas con alto coeficiente intelectual (otras son, por ejemplo, Triple Nine Society, High IQ Society, Intertel y The Cerebrals Society).
La sede argentina de Mensa cuenta con unos 350 miembros y, entre otras actividades, avala y promueve el trabajo de Creaidea, un proyecto para colaborar en el desarrollo de niños con alto coeficiente intelectual.
Aquí se puede hacer un muy recomendable test que sirve como orientación para saber si, en principio, uno podría ingresar en Mensa.

23.4.08

69

Gracias a esta entrada del blog Malas Palabras, recordamos una costumbre que, según se dice, había adquirido Marshall McLuhan.
El autor (recordado, más que nada, por el concepto de “aldea global” y por aquello de que “el medio es el mensaje”) leía alrededor de 35 libros por semana, pero sólo se fijaba en la página 69 (a veces, en lugar de la 69, tomaba la 96), en la página adyacente (68 o 97) y en el índice. El hecho de que continuase la lectura de una obra dependía de que encontrara algo motivador en esos fragmentos. Sin embargo, cuando lo hallaba, sólo leía las páginas pares porque estaba seguro de que, como los textos son muchas veces redundantes, no se perdía demasiado.
Muchas personas entienden parte del hábito de McLuhan como una regla o una “teoría” para la selección de lecturas: toman un libro y, para resolver si van a leerlo, se fijan qué dice en la página 69.
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Imagen: McLuhan en una escena de la película Annie Hall, de Woody Allen.

22.4.08

¿A QUIÉN LE IMPORTA?

Hace poco más de 50 años, en febrero de 1958, el compositor estadounidense Milton Babbitt publicó en High Fidelity un artículo que aún causa revuelo en el ámbito de la música contemporánea.
El editor de la revista decidió titular la nota “Who Cares if You Listen?” (¿A quién le importa si escuchás?) en lugar de “The Composer as Specialist” (El compositor como especialista). Eso, sumado a la polémica hipótesis de Babbitt –según la cual el compositor de música contemporánea debe aislarse del público–, atrajo la atención de muchos.
Hasta donde sabemos, no está disponible en la web una versión completa en castellano del artículo. Hemos traducido las partes que nos parecieron más significativas.
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Este artículo debería haberse titulado “El compositor como especialista” o bien –sería menos discutible– “El compositor como anacronismo”. Me interesa dejar sentada una actitud relativa al status y la condición del compositor de lo que llamaremos, por ahora, música “seria”, “avanzada” o contemporánea. Ese compositor gasta una enorme cantidad de tiempo y energía (además de mucho dinero) en la creación de un commodity que tiene poco valor o inclusive ninguno. Se trata, esencialmente, de un compositor “vanidoso”. El público en general no conoce este tipo de música ni se interesa en ella. La mayoría de los intérpretes le rehuyen y se irritan con esta música. Por ende, esta música se la interpreta poco y se la interpreta en conciertos de escasa concurrencia, ante un público compuesto por una gran mayoría de colegas “profesionales”. En el mejor de los casos, esta música llega a ser de, por y para los especialistas.
A partir de esta condición de “aislamiento” musical y social, diferentes actitudes han sido expresadas con el objeto de asignar culpas a la música, a los críticos o a los intérpretes y, en pocas ocasiones, al público. El hecho de asignar culpas implica que ese aislamiento es innecesario e indeseable. Creo que esta condición no sólo es inevitable sino que, además, tiene potenciales ventajas para el compositor y su música. Desde mi punto de vista, los compositores harían bien en aceptar, fortalecer y extender esas ventajas.
[…]
¿Por qué debería el lego no sentirse aburrido y perplejo ante algo que no puede entender, sea música o cualquier otra cosa? Lo que me parece indefendible es la traducción de ese aburrimiento y esa perplejidad en resentimiento y denuncia. Después de todo, el gran público tiene su propia música, su música ubicua: música para comer, para leer, para bailar y para impresionarse. ¿Por qué rehusarse a reconocer la posibilidad de que la música contemporánea ha alcanzado un status que tienen otras disciplinas desde hace mucho? Ha pasado el tiempo en que el hombre educado comúnmente, sin preparación especial, podía entender los trabajos más avanzados en campos como la matemática, la filosofía o la física.
[…]
Entonces, me atrevo a sugerir que el compositor, con su música, haga una total, resuelta y voluntaria retirada de ese mundo público hacia uno privado.
[…]
La música que he descripto sólo puede sobrevivir si se le concede un lugar acorde al de otras artes y ciencias. Hay que admitir que, si esta música no encuentra apoyo, el repertorio de silbidos del hombre de la calle no se verá muy afectado y la asistencia a conciertos del conspicuo consumidor de cultura musical no será perturbada. Sin embargo, la música dejará de evolucionar y, en ese sentido, dejará de existir.
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El de las fotos es, obviamente, Milton Babbitt.
Nota: En unos días, seguramente, subiremos una respuesta de Douglas Bell titulada “I Care if You Listen” (A mí me importa que escuches).

21.4.08

EL OTRO LADO DEL ESPEJO

El documental Google behind the Screen (Google detrás de la pantalla), dirigido por el holandés Ijsbrand van Veelen, se ha hecho bastante conocido y tiene méritos suficientes para ello. La película, de poco más de 45 minutos, incluye aportes de quienes trabajan en la empresa, muestra cómo realizó Google una de sus extrañas ofertas laborales, discute si es posible la “imparcialidad” de un buscador, plantea los conflictos que supone el archivo de datos de los usuarios, exhibe parte de las pasmosas instalaciones donde la compañía realiza su trabajo...
Realmente vale la pena verlo o, en todo caso, reverlo; sobre todo, por lo que opinan importantísimos ejecutivos de Google sobre algunos temas en discusión.

19.4.08

REAL ACADEMIA 2

Hace unos días, publicamos algunas definiciones realizadas entre 1997 y 1999 por alumnos de una escuela pública que rondaban en aquel momento los 15 años de edad. Aquí sumamos varias más (para respetar los originales, mantenemos los errores de puntuación, ortografía y sintaxis):
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Abrelatas: Instrumento que se usa para el uso doméstico de la casa.
Abstracción: Algo que te gusta y quedás enganchado pero no se puede ver.
Abstracción: Es algo abstracto, el alma.
Agua: Líquido que sale de la canilla, o se encuentra en mares, ríos.
Alumno: Es un chico que aprende a estudiar si quiere.
Alumno: Castigo que se realiza en el colegio (yo).
Atardecer: Cuando empieza la noche y termina la tarde.
Belleza: Cosa que resalta (Martín).
Belleza: Algo como la hermana de Lopez y mis compañeras (Judith y la hermosa, potra, inigualable de Claudia).
Brazo: Lo que sostiene a la mano y a los dedos. Parte del cuerpo.
Cárcel: Lugar horrible, lo peor que hay en el mundo.
Cárcel: Es un lugar donde estan las personas encerradas por un delito que halla cometido y no puede ver los autos, las calles, etc.
Casa: Es un hogar donde viven las familias.
Casa: Estructura edificada donde se puede habitar.
Catarata: Enfermedad que puede sufrir los hojos o la vista.
Catarata: Curso de agua que en momento de su trayecto cae para abajo.
Moneda: Pequeña pieza, que se utiliza para poder cambiarlo por algo necesario de valor.
Moneda: Dinero, él cual se usa para comprar diversas cosas.
Muerte: Es algo que se lleva a las personas cuando ya no tienen que vivir más.
Muerte: Es cuando una persona deja de vivir y pasa a la segunda etapa, que sería la muerte, es decir, la vida después de haber vivido y morir.
Muerte: Momento en el cuál nadie sabe que va a pasar después.
Música: Es un viaje a la relajación mental.
Música: Sonidos armoniosos y rítmicos formados por instrumentos de música.
Normal: Que no tiene defectos.
Normal: Algo que está dentro de las cosas cotidianas.
Paquete: Cosa hecha de cartón q’ guarda cosas.
Risa: Lo que no puedo dejar de hacer, depende el día.
Risa: Es cuando una persona larga un sonido que sale desde su voca en forma de alegria; (forma de expresar un sentimiento).
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Cuando alguien habla de lo que los niños y los adolescentes manifiestan en la escuela, resulta casi imposible no citar los dos volúmenes de ¡Qué porquería es el glóbulo! En ellos, se recopilan frases que el maestro uruguayo José María Firpo escuchó o leyó de sus alumnos, cosas como “el cigarro y la grapa son las dos porquerías más grandes que hay”, “hay que encerrar los mosquitos en una pieza y los enfermos en otra”, “los insectos se parecen muy poco al hombre” o “un virtuoso es un músico con la moral bien alta”.