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30.6.08

VERRUGA

No hay duda de que sus preocupaciones domésticas carecían de fundamento, pero, si usted tiene una horrible verruga en la nariz o en la frente, siempre creerá que nadie la ha tenido jamás y que en este mundo no hay otra ocupación que mirar la verruga de usted, reírse de ella y condenarlo por ello como si usted hubiese descubierto América.
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Tomado de la novela El idiota, de Fiodor Dostoievski.

6.6.08

LA ENTREVISTA Y LA TRANSCRIPCIÓN

El problema de la trascripción en las entrevistas, el problema mismo de las entrevistas como género es lo que este volumen de reportajes del Paris Review pone a la vista en forma reveladora y didáctica […] Ya lo decía Roland Barthes, la transcripción hace perder la inocencia del diálogo, es como un “aseo del muerto”, lo encapsula todo en parlamentos que sólo tienen una gestualidad teatral; aleja el cuerpo del entrevistador. Para colmo, después vendrá, si viene, el editing de parte de itermediarios varios y responsables últimos de la publicación. Toda una cadena de lecturas en desplazamiento destinada a crear una segunda naturaleza. Lo mismo que en literatura. Siento muy estimulante que sea así, que, gracias a que los escritores pasan a ser realidades virtuales, la entrevista como género también tenga derecho a ser un ejercicio no representativo.
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Héctor Libertella, en el prólogo a Confesiones de escritores (Los reportajes de The Paris Review), Narradores 3, Buenos Aires, El Ateneo, 1998.
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La grabadora ha estupidizado el arte de la conversación. Incluso se utiliza la palabra “desgrabar” para referirse a transcribir la cinta de una entrevista. El reportero generalmente piensa que la grabadora es inteligente y que va a hacer su trabajo. Entonces, se pone en piloto automáticco y se olvida de lo que está oyendo. En cambio, un reportero alerta, que sabe cuáles son las limitaciones de la grabadora, puede servirse de ella […] En el buen sentido, una entrevista debe funcionar como una pequeña pieza de teatro donde tú tienes que colocar las cosas como van a ser leídas, no como fueron expresadas […] El ritmo, la entonación, lo que sintetizas, el orden son responsabilidad del periodista.
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Juan Villoro, entrevistado por Ariana Dolores Juárez, en Comunicación verbal, de Celinda Fournier Marcos, Madrid, Editorial Thomson, 2004.

27.5.08

LA PAVADA


Me acuerdo de que, cuando hice la aventura de La vida del Che con mi hijo Enrique, yo dejé un cuadro en blanco porque tenía que pegarle la partida de nacimiento del Che y no me llegó a tiempo. Todo el mundo creyó ver en eso una genialidad de mi parte. También recuerdo que, sobre un dibujo a color, me quedó descuidadamente una parte blanca y un crítico descubrió ahí el ombligo del mundo. Siempre piensan en cosas que no existen, siempre andan rondando la pavada.
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Alberto Breccia, en el video Breccia por cuatro, realizado en 1988.
En las imágenes, un retrato de Breccia y una viñeta en la que aparece Mort Cinder (“en cuanto al rostro del anticuario”, ha dicho el dibujante, “es obvio: es mi propio rostro”).

17.5.08

COSAS SUCIAS

Son famosas las cartas de James Joyce a su compañera y luego esposa Nora Barnacle, a quien conoció en 1904, cuando ella era sirvienta en un hotel. Nos parece interesante citar un fragmento en el que se exhibe el alto voltaje erótico –por momentos, cercano a la inmundicia– que la pluma de Joyce destilaba en esos escritos. Señora, si va a continuar leyendo, tápeles las orejas a los niños.
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Te habrán impresionado las cosas sucias que te escribo. Quizás pienses que mi amor es una cosa sucia. Lo es, querida, en algunos momentos. Te sueño a veces en posiciones obscenas. Imagino cosas muy sucias, que no escribiré hasta que vea qué es lo que tú me escribes. Los más insignificantes detalles me producen una gran erección. Un movimiento lascivo de tu boca, una manchita color castaño en la parte de atrás de tus bragas, una palabra obscena pronunciada en un murmullo de tus labios húmedos, un ruido sin recato, repentino, de tu trasero y entonces asciende un feo olor por tus espaldas. En algunos momentos me siento loco, con ganas de hacerlo de alguna forma sucia, sentir tus lujuriosos labios ardientes, chupándome, follar entre tus dos senos coronados de rosa, en tu cara y derramarme en tus mejillas ardientes y en tus ojos, conseguir la erección frotándome contra tus nalgas y poseerte sodomíticamente.
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Fragmento de la carta del 6 de diciembre de 1909.
Unas líneas más abajo, Joyce le dice a Nora: “¿Cómo es posible que, sobre esta tierra de Dios, ames a una cosa como yo?”.
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(En la foto, Nora Barnacle retratada por Berenice Abbott.)

8.5.08

LA PARODIA COMO ACTO DE AMOR

En la parodia siempre entran el odio y el amor. El odio al semejante implica también amor. La parodia sería como un amor fracasado si no fuera abyecto decir que el amor fracasa. Es un oxímoron decir amor fracasado. Si hay amor, ¿cómo puede haber fracaso? No se puede mimar un objeto sin amarlo.

Osvaldo Lamborghini, en una entrevista publicada en el número 1 de la revista Lecturas críticas, de 1980 (se puede ver la entrevista completa aquí).

30.4.08

A MÍ ME IMPORTA

Unos días atrás, subimos parte de “Who Cares if You Listen?” (¿A quién le importa si escuchás?), un artículo de Milton Babbitt que todavía genera discusiones en el ámbito de la música contemporánea.
Babbitt planteaba –su artículo es de 1958– que el público le trae al compositor contemporáneo más problemas que beneficios y que sería mejor que el compositor se aislase de la audiencia para trabajar, digamos, en una especie de laboratorio.
Habíamos prometido que publicaríamos una respuesta de Douglas D. Bell llamada “I Care if You Listen” (A mí me importa que escuches), de 1993. Aquí está, pues. Creemos que es la primera vez que se traduce al castellano.
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Hace treinta y cinco años, el compositor Milton Babbitt escribió un artículo en High Fidelity en el que describía el estado de la música que había comenzado tras el fin de la Segunda Guerra Mundial y que aún sigue generando problemas para los compositores. Su artículo, “Who Cares if You Listen?”, además de describir la situación moderna del compositor, trató de justificar por qué los compositores no tenían ya necesidad de un público. Antes de que termine el siglo, es preciso contestarle a Milton Babbit y pedirle a nuestro público que vuelva. Me gustaría que la generación de compositores del “Who Cares” dejara de lado esa filosofía para formar un nuevo grupo de compositores que tiendan su mano al público. ¡A MÍ ME IMPORTA QUE ESCUCHES!
Es cierto que el compositor moderno es un especialista y que está aislado del gran público. Hay que admitir culpas y entender que no se ha probado que el aislamiento del compositor con respecto a la audiencia sea una condición deseable. Desde la Segunda Guerra Mundial, los compositores se han aislado. Eso no implicó una ventaja ni fue una consecuencia forzosa de que el compositor se haya convertido en un especialista.
El compositor y el público se alejaron no porque el compositor moderno sea un revolucionario sino porque es un experimentador. En general, los experimentos que fracasan se dejan de lado. No obstante, el fracaso de los compositores se justificó alegando que el público no podía entender la grandeza de ciertas obras.
[…]
El público ya no puede confiar en los compositores. No es cuestión de escribir música popular; se trata de escribir música contemporánea que pueda sobrevivir a las críticas sin perder su valor musical. Los compositores moderno han estado proclamando que su música tiene valor. Lo cierto es que la mayor parte de la música de la última mitad de este siglo tiene poco valor y hasta se podría decir que es mediocre. El público ve la mediocridad y no va a creer que podamos entregarle buena música pues los compositores han manifestado desidia para dejar atrás las ideas que crearon este monstruo. […] Nosotros no confiaríamos en un cirujano que ha matado pacientes, con lo cual no deben sorprendernos los motivos por los cuales hemos acabado con nuestro público.
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En las fotos, Milton Babbitt y Douglas D. Bell.

22.4.08

¿A QUIÉN LE IMPORTA?

Hace poco más de 50 años, en febrero de 1958, el compositor estadounidense Milton Babbitt publicó en High Fidelity un artículo que aún causa revuelo en el ámbito de la música contemporánea.
El editor de la revista decidió titular la nota “Who Cares if You Listen?” (¿A quién le importa si escuchás?) en lugar de “The Composer as Specialist” (El compositor como especialista). Eso, sumado a la polémica hipótesis de Babbitt –según la cual el compositor de música contemporánea debe aislarse del público–, atrajo la atención de muchos.
Hasta donde sabemos, no está disponible en la web una versión completa en castellano del artículo. Hemos traducido las partes que nos parecieron más significativas.
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Este artículo debería haberse titulado “El compositor como especialista” o bien –sería menos discutible– “El compositor como anacronismo”. Me interesa dejar sentada una actitud relativa al status y la condición del compositor de lo que llamaremos, por ahora, música “seria”, “avanzada” o contemporánea. Ese compositor gasta una enorme cantidad de tiempo y energía (además de mucho dinero) en la creación de un commodity que tiene poco valor o inclusive ninguno. Se trata, esencialmente, de un compositor “vanidoso”. El público en general no conoce este tipo de música ni se interesa en ella. La mayoría de los intérpretes le rehuyen y se irritan con esta música. Por ende, esta música se la interpreta poco y se la interpreta en conciertos de escasa concurrencia, ante un público compuesto por una gran mayoría de colegas “profesionales”. En el mejor de los casos, esta música llega a ser de, por y para los especialistas.
A partir de esta condición de “aislamiento” musical y social, diferentes actitudes han sido expresadas con el objeto de asignar culpas a la música, a los críticos o a los intérpretes y, en pocas ocasiones, al público. El hecho de asignar culpas implica que ese aislamiento es innecesario e indeseable. Creo que esta condición no sólo es inevitable sino que, además, tiene potenciales ventajas para el compositor y su música. Desde mi punto de vista, los compositores harían bien en aceptar, fortalecer y extender esas ventajas.
[…]
¿Por qué debería el lego no sentirse aburrido y perplejo ante algo que no puede entender, sea música o cualquier otra cosa? Lo que me parece indefendible es la traducción de ese aburrimiento y esa perplejidad en resentimiento y denuncia. Después de todo, el gran público tiene su propia música, su música ubicua: música para comer, para leer, para bailar y para impresionarse. ¿Por qué rehusarse a reconocer la posibilidad de que la música contemporánea ha alcanzado un status que tienen otras disciplinas desde hace mucho? Ha pasado el tiempo en que el hombre educado comúnmente, sin preparación especial, podía entender los trabajos más avanzados en campos como la matemática, la filosofía o la física.
[…]
Entonces, me atrevo a sugerir que el compositor, con su música, haga una total, resuelta y voluntaria retirada de ese mundo público hacia uno privado.
[…]
La música que he descripto sólo puede sobrevivir si se le concede un lugar acorde al de otras artes y ciencias. Hay que admitir que, si esta música no encuentra apoyo, el repertorio de silbidos del hombre de la calle no se verá muy afectado y la asistencia a conciertos del conspicuo consumidor de cultura musical no será perturbada. Sin embargo, la música dejará de evolucionar y, en ese sentido, dejará de existir.
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El de las fotos es, obviamente, Milton Babbitt.
Nota: En unos días, seguramente, subiremos una respuesta de Douglas Bell titulada “I Care if You Listen” (A mí me importa que escuches).

14.4.08

LA VIDA ES BELLA

Se ruega a los lectores que no dirijan más cartas a la sección titulada “La vida es bella, sin duda”; su autor ha muerto.
En Ici Paris, 6 de septiembre de 1954
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Una vez que los cadáveres quedaron carbonizados, se dio por terminada la labor de salvamiento.
En Aviation-Maroc, número 1
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Ayer a la mañana se desubrió en el Scorff el cadáver de una octogenaria. No parecía hallarse en posesión de todas sus facultades mentales.
En Ouest-France, 10 de marzo de 1954
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Pasajes de artículos periodísticos citados en El libro del humor negro 2, selección y notas de Eduardo Stilman, Ediciones Siglo Veinte,1977.

7.4.08

INSOPORTABLEMENTE MORALISTA

Podría decirse que toda técnica es epocal, lleva en la frente escrito el nombre de su tiempo. Pero sería más exacto pensarlo al contrario: que es la técnica la que hace a su época, la que la escribe. La época de los trenes que cruzan Europa, la de la pólvora, la del comediscos, la del sextante, la del teléfono portátil –como en otros tiempos se dijo la Edad del Hierro o la del Bronce–. Son los hallazgos técnicos los que escriben las líneas del tiempo que recorre la historia de la humanidad.
[…]
Me gusta pensar la técnica como un lenguaje, como el lenguaje que hablan entre sí los artefactos. Un abridor mordiendo milimétricamente la chapa de una botella de Coca-Cola, el dibujo de una rueda frenada con ABS aferrándose implacable a un nuevo tipo de asfalto desarrollado para las autopistas de alta velocidad, la curva de una microantena que recoge las invisibles ondas que pueblan el aire infinitamente cruzado de una ciudad moderna… Hay como un juego de concavidades y convexidades constante –estrictamente sexual, desde luego– en el que todos los objetos se arrojan mutualidad. Esa mutualidad del mundo de los artificios, pensada época a época, instante a instante, se llama técnica.
El pensamiento más intolerable en relación con la “cuestión de la técnica”: imaginarla neutral. Es preciso saberla culpable, juzgarla siempre con implacabilidad. Ella nos trae el mundo que tenemos.
La pregunta es: ¿está en nuestras manos decidir la forma y la estructura que deba adoptar la determinación técnica? Es esto lo que quienes la proclaman neutral pretenden hacernos creer: que la responsabilidad por lo que hagamos que la técnica nos dé como destino estaría en nosotros y no en su propia dinamicidad. Esto es un engaño: encubre que nosotros mismos, y aun nuestra capacidad de conocer y de querer, somos el resultado de la propia eficacia de la técnica –el yo como producto de una cierta ingeniería de la consciencia–.
[…] La construcción lingüística del mundo de los artefactos, la ley que rige el sistema de los objetos, ¿cómo podría no proyectarse y determinar implacablemente la esfera de la consciencia?
[…]
Somos libres de configurar el mundo y técnica es el nombre de aquello que nos permite –y nos destina a– efectuar la forma que queramos decidir. Pero suponer que disponemos del tiempo abstracto que nos permitiría por un momento habitar otro espacio que el de la propia técnica […] es un pensamiento demasiado piadoso, demasiado complaciente y consolador. En esta cuestión, empeñarse en dibujar el horizonte de un happy end resulta, siempre, demasiado insoportablemente “moralista”.
[…]
La ambivalencia del hallazgo técnico, determinando simultáneamente siempre una posibilidad emancipatoria y otra despotizadora, es irrevocable. Y, cuidado, eso está bien lejos de presuponerle algún carácter neutral. La neutralidad estaría en un punto medio, ambiguo. Donde se sitúa el carácter ambivalente de la técnica es justo en el punto extremo, allí donde las dos posibilidades se aseguran a la vez –esperanzadora y terriblemente–.
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José Luis Brea, “Algunos pensamientos sueltos acerca de arte y técnica”, publicado en el sitio Aleph.

1.4.08

EXTRAVÍOS

Muchas veces me duele ver, en la naturaleza abierta, esos signos de camino de los clubes de excursionistas –la Asociación de Alpinistas o cualquier otro– las placas de fibra clavadas en los árboles. Cada vez que me sucede, tomo luego unas tenazas y simplemente arranco esos signos de camino. Me da trabajo, los clavos están profundamente hundidos en los árboles y están ya muy oxidados. No sé si a los árboles les hacen algo, pero no son lindos. ¿Para qué necesito, en medio del mundo civilizado, esos artefactos con caminos de excursión? Cada cual tiene que encontrar su camino y, efectivamente, lo encontrará.
[…]
Extraviarse no le hace mal a nadie. Yo me extravié muchas veces, aun con los signos camineros, y llegué a lugares que de ningún modo buscaba.

Peter Handke (en diálogo con Herbert Gamper), Pero yo vivo solamente de los intersticios, Barcelona, Gedisa, 1990.

23.3.08

UNA VISIÓN DEL MUNDO

La unidad de la frase, que en la prosa se da por el sentido o significación, en el poema se logra gracias al ritmo.
[…]
Aunque el poema no es hechizo ni conjuro, a la manera de ensalmos y sortilegios el poeta despierta las fuerzas secretas del idioma. El poeta encanta por medio del ritmo. […] El poema es un conjunto de frases, un orden verbal, fundado en el ritmo. Si se golpea un tambor a intervalos iguales, el ritmo aparecerá como tiempo dividido en porciones homogéneas. La representación gráfica de semejante abstracción podría ser la línea de rayas: - - - - - - -. La intensidad rítmica dependerá de la celeridad con que los golpes caigan sobre el parche del tambor. A intervalos más reducidos corresponderá redoblada violencia. Las variaciones dependerán también de la combinación entre golpes e intervalos. Por ejemplo: - I - - I - I - - I - I - - I - I - -. Aun reducido a ese esquema, el ritmo es algo más que medida, algo más que tiempo dividido en porciones. La sucesión de golpes y pausas revela una cierta intencionalidad, algo así como una dirección. El ritmo provoca una excitación, suscita un anhelar. Si se interrumpe, sentimos un choque. Algo se ha roto. Si continúa, esperamos algo que no acertamos a nombrar. El ritmo engendra en nosotros una disposición de ánimo que sólo podrá calmarse cuando sobrevenga “algo”. Nos coloca en actitud de espera. Sentimos que el ritmo es un ir hacia algo, aunque no sepamos qué podrá ser ese algo. Todo ritmo es sentido de algo. Así pues, el ritmo no es exclusivamente una medida vacía de contenido sino una dirección, un sentido. El ritmo no es medida, sino tiempo original. […] Calendarios y relojes son maneras de marcar nuestros pasos. Esta presentación implica una reducción o abstracción del tiempo original: el reloj presenta el tiempo y para presentarlo lo divide en porciones iguales y carentes de sentido. […] El tiempo no está fuera de nosotros ni es algo que pasa frente a nuestros ojos como las manecillas del reloj: nosotros somos el tiempo y no son los años sino nosotros los que pasamos. El tiempo posee una dirección, un sentido, porque es nosotros mismos. El ritmo realiza una operación contraria a la de los relojes y calendarios: el tiempo deja de ser medida abstracta y regresa a lo que es: algo concreto y dotado de una dirección. […] El ritmo no es medida, ni algo que está fuera de nosotros, sino que somos nosotros mismos los que nos vertemos en el ritmo y nos disparamos hacia “algo”. Así, su contenido verbal e ideológico no es separable. Aquello que dicen las palabras del poeta ya está diciéndolo el ritmo en que se apoyan esas palabras. Y más: esas palabras surgen del ritmo.
[…]
El ritmo no es medida, es visión del mundo.

Octavio Paz, El arco y la lira, Fondo de Cultura Económica, tercera edición, México, 1990.

15.3.08

PALABRA SANTA

El dibujante y escritor brasileño Millôr Fernandes es uno de los humoristas más reconocidos de su país. Nació en Río de Janeiro en 1924, participó en la fundación del diario O pasquim –que se opuso con mucha fuerza a la dictadura militar– y ha editado gran cantidad de libros. Entre ellos, se destaca la antología de aforismos La biblia del caos (1994). En marzo de 2005, la revista colombiana El malpensante publicó un artículo sobre el autor que incluía algunos extractos de La biblia del caos que pueden leerse aquí o aquí.
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En su sitio, Millôr está publicando más aforismos que, según parece, darán lugar a un nuevo evangelio. Hemos traducido algunos:
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III.
Uno de los problemas de la redacción de leyes es que, cuando te dicen “No desearás a la mujer de tu prójimo”, te autorizan a desear a todas las demás.
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XI.
Moderno… ¿Moderno con respecto a qué? La modernidad es una cuestión meramente cronológica. Si la radio se hubiera inventado después de la televisión, los niños hubieran ido corriendo, maravillados, a decir: “Mamá, mamá, ¡inventaron una televisión sin rostros!”.
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XXVII.
Ética, ética. Ética es lo que siempre defendemos en el periodismo. El derecho a réplica es algo fundamental, sagrado. Si no fuera así, la gente podría incluso creer que el otro tiene razón.
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XXX.
Las estadísticas muestran que este año, con la recesión, aumentaron un 60 % los robos en los bancos brasileños. No se aclara de qué lado.
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XLIV.
Díganme si me equivoco: Nadie habla con más entusiasmo de la libre empresa, de las leyes del mercado y de “que gane el mejor” que quienes heredaron todo de sus padres.
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LVIII.
Proudhon decía que toda propiedad es un robo. La elite brasileña cree que todo robo es una propiedad. Patriotismo es cuando amás a tu país más que a cualquier otro. Nacionalismo es cuando odiás a todos los paísesy, en particular, al tuyo.
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LXXVII.
En situaciones difíciles (o no tanto), tenga a mano estos argumentos:
. Mi amigo, me parece que sus conclusiones son perfectamente discutibles.
. Vuestra Excelencia está equivocado: las estadísticas prueban lo contrario.
. Vea, las estadísticas no prueban nada.
. Confieso que también lo había pensado de esa manera.
. El señor está siendo deliberadamente parcial.
. Bien, ésa es una manera personal de ver las cosas.
. Aparentemente, el señor está en lo cierto, pero las apariencias engañan.
. Si encaramos las cosas de ese modo, podemos llegar a la conclusión que queramos.
. Sin embargo, el señor debe convenir en que su punto de vista no es científico.
. Sólo tengo una cosa que decir: usted me parece una bestia cuadrada.
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Foto: Millôr posando junto a Walt Disney en 1948.

10.3.08

EN PROCURA DE MEJORES CONFLICTOS

«Para combatir la guerra con una posibilidad remota, pero real, de éxito, es necesario comenzar por reconocer que el conflicto y la hostilidad son fenómenos tan constitutivos del vínculo social como la interdependencia misma y que la noción de una sociedad armónica es una contradicción en los términos. La erradicación de los conflictos y su disolución en una cálida convivencia no es una meta alcanzable ni deseable ni en la vida personal –en el amor y la amistad– ni en la vida colectiva. Es preciso, por el contrario, construir un espacio social y legal en el cual los conflictos puedan manifestarse y desarrollarse sin que la oposición al otro conduzca a la supresión del otro, matándolo, reduciéndolo a la impotencia o silenciándolo. […] Si alguien me objetara que el reconocimiento previo de los conflictos y las diferencias, de su inevitabilidad y su conveniencia, arriesgaría paralizar en nosotros la decisión y el entusiasmo en la lucha por una sociedad más justa, organizada y racional, yo le replicaría que para mí una sociedad mejor es una sociedad capaz de tener mejores conflictos, de reconocerlos y de contenerlos, de vivir no a pesar de ellos sino productiva e inteligentemente en ellos».

Estanislao Zuleta (Medellín, 1935-Cali, 1990), fragmento de “Sobre la guerra, esa borrachera colectiva”, incluido en Elogio de la dificultad y otros ensayos.

Este fragmento fue tomado del número 25 de Con-fabulación, un periódico virtual colombiano. Caricatura por Elkin Obregón.

5.3.08

DISFRACES PERFECTOS

«Resulta común que la censura opere en forma sutil, a veces disfrazada de imperativo moral y a veces exhibida como el inevitable resultado de la lógica imparcial del mercado libre. No importa cuál sea el camuflaje porque, de cualquier modo, el resultado es el mismo: se angosta la gama de lo que podemos decir, ver, escuchar, pensar e incluso imaginar […]. Los disfraces actuales del censor son los imperativos morales de “proteger a los niños” y de “ejercitar el respecto por creencias religiosas y culturales”. Ambos, en sí mismos, son objetivos loables y, por esta razón, resultan disfraces perfectos».

Robert Atkins y Svetlana Mintcheva, “Censorship in Camouflage”, introducción a Censoring Culture: Contemporary Threats to Free Expression.

Creemos que este texto no está traducido al castellano. La versión completa en inglés puede leerse aquí.