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23.6.08

LA MAQUINARIA DE LOS SUEÑOS

Hace algunas semanas (nos hemos atrasado un poco en la publicación), les preguntamos a algunas personas qué habían soñado la noche anterior. Aquí, cinco respuestas:
1.
Estábamos viajando por una ruta. Un amigo era el conductor y yo era la acompañante. El lugar: Puerto Madryn (no conozco ese lugar). Mi hijo, aún niño, iba con nosotros; estaba durmiendo en el asiento de atrás. Mi amigo y yo charlábamos. De repente, mi amigo tomó la ruta en bajada hacia el mar… Aceleró. La imagen parecía de una película, con autos cruzando precipicios y algo parecido a una caída libre a toda velocidad. Sin embargo, la imagen era bella, muy bella. Caímos al mar y transitamos por el agua sin que el coche se hundiera. Mi amigo me explicó que conocía el terreno y que se podía andar por ahí sin peligro. Andábamos por la orilla y por el mar. Mi hijo despertó. Le ofrecí agua. Mi amigo alzó un poco la cabeza para señalarme dónde se encontraba el agua; aprovechó el movimiento y me besó el cuello. Comencé a explicarle a mi hijo dónde estábamos. Él asentía complacido. Me dijo que le gustaba. Entonces, me desperté. Hacía mucho que no recordaba un sueño.
2.
Una vieja perra desfilaba por la ladera de un monte nevado. Lo extraño era que sonreía como una persona. Sus dientes eran los de un ser humano. La pobre perra no era de raza, pero sonreía con los dientes de un ser humano. ¡Cómo me sonreía!
3.
Soñé que mamá me comunicaba que nos íbamos a mudar a un departamento divino en una torre altísima que quedaba en Avenida de Mayo y San Benito de Palermo (¿?). El motivo para mudarnos era que en ese lugar había canchas de tenis.
4.
Mis padres volvían de viaje y mi madre me traía una billetera y una cartera blanca horrible (no sólo porque era blanca sino también porque la parte de adelante era transparente). A mi marido le traían un reloj (él no usa) y un libro artesanal sobre dinosaurios que terminaba encantándole. Yo le decía “parecés un nene” y él sonreía. Con él nos íbamos de viaje a algún lugar del Sur. Mi familia también venía. Yo estaba convencida de que nos íbamos a tomar un micro. De hecho, íbamos a una estación terminal, pero no había actividad ahí. Entonces, nos subimos a un auto. Mi hermano menor iba en el asiento del acompañante. Mi hermano mayor, mi marido, mi viejo y yo íbamos atrás. Mi madre estaba al volante. Primero, pasábamos por un camino repleto de nieve y con desniveles. Mi vieja aceleraba apropósito. Mi hermano menor y yo la retábamos. Después, pasábamos por un camino que estaba a la orilla del mar. Mi vieja hacía cualquier cosa, nos ponía en peligro y yo le decía que me iba a bajar, pero ella no detenía el auto. Mi marido salía como por arte de magia y corría al lado del auto. Yo repetía que me quería bajar, que no pensaba viajar con ella si iba a manejar así. Creo que, finalmente, detenía el auto.
5.
Soñé que Cristina Fernández de Kirchner venía a mi casa y, debajo del termotanque, nos fumábamos un porro. Ella tenía un suéter a cuadros negros y blancos y el flequillo despeinado. En el sueño, yo no tenía flequillo. Me parecía rarísimo que ella fuese “porrera”. De pronto, me di cuenta que tenia los ojos muy tristes y, entre pitada y pitada, me dijo: “Estoy agotada”. Juro que soñé esto y no inventé nada; es la primera vez que sueño con un presidente.

3.6.08

MUSEO DE GRANDES NOVEDADES

Durante los últimos días, les preguntamos a algunas personas cuál era el primer museo al que habían ido y qué recuerdos tenían de aquella visita.
1.
Fui al Museo de la Patagonia a los seis años, cuando me mudé con mis padres a Bariloche. Lo primero que recuerdo son los troncos petrificados de la entrada y un diorama que no volví a ver porque creo que me desilusionaría: sobre un fondo celeste, entre musgos que yo creía reales, una serie de aves del sur (pingüinos, chimangos, cormoranes) husmeaba el suelo. No importa si había un lobo marino o lo inventé. Me pareció que esa escena podía salir en cualquier momento del vidrio. Mis padres trataron de explicarme los rudimentos de la taxidermia, pero abortaron la idea al ver mi cara de espanto.
2.
No recuerdo cuándo visité un museo por primera vez. Sé que, en mi niñez, visité el Museo Nacional de Bellas Artes con mis compañeritos de colegio. Recuerdo que me perdí en un pasillo en el que había enormes cuadros desde los que me miraban enormes caras. En esa época (fines de los ‘80), el museo no estaba muy bien iluminado, con lo cual las salas parecían un callejón sin salida y daba igual si de las paredes colgaban cuadros o costillares de vaca. Por suerte, me rescató de ese infierno una dulce profesora. Desafortunadamente, he olvidado su nombre.
3.
El primer museo que visité fue uno de ciencias naturales. No sé si fue el de Parque Centenario o el de La Plata. Recuerdo las salas con grandes dinosaurios, piedras extrañas, algo de misterio y solemnidad, muñecos que imitaban a hombres prehistóricos en diferentes actitudes… Cosas raras.
4.
Mi papá es artista. En el sótano de casa tenía su taller y trabajaba ahí todo el día. Nuestra casa, entre sus obras y las que coleccionaba, parecía un museo. De hecho, muchos amiguitos tenían miedo de venir a casa por las esculturas y los cuadros. No sé cuál fue el primer museo que visité porque siempre fui a museos y galerías. Recuerdo escenas en las que me escapaba y caminaba entre las piernas de los invitados a los cocktails (sobre todo, en la galería de Ruth Benzacar, donde conocía las puertas secretas que llevaban a los vasos de Coca-Cola y donde Malena me daba una hoja para dibujar cuando me aburría). El primer museo que recuerdo haber visitado sola y a consciencia, ya grande, fue la Tate, en Londres. Tenía catorce años y me enamoré de William Turner; especialmente, de un cuadro que se llama Ulysses Deriding Polyphemus - Homer's Odyssey. Lo vi ese día y al día siguiente volví y me quedé mirándolo durante dos horas. Nunca me había pasado algo así con un cuadro, nunca había sentido esa emoción primitiva de mirar algo y emocionarme como si lo hubiese estado extrañando toda mi vida. Ahí aprendí que el arte a veces puede remendar lo desdoblado hace años, el humano, la persona.
5.
Por razones laborales, mi familia vivió en Alemania entre 1983 y 1985, lo que me permitió recorrer –aunque de mala gana– los principales museos de Europa siendo un crío de apenas tres o cuatro años. Me es imposible decir cuál fue el primero que visité, pero puedo compartir una anécdota de aquellos años. Al parecer, yo había quedado encantado con el museo de Versalles, en París. Sobre todo, me había impresionado la figura de Luis XIV, no sólo porque él había sido el “rey sol” sino también porque había pasado buena parte de su vida sobre zapatos de tacos altos para disimular su baja estatura. Días después de visitar Versalles, llegó el turno del castillo de Blois. Por alguna razón, la grandiosidad del lugar me recordó a Luis XIV y, en cuanto ingresamos al palacio, decidí homenajearlo. “¡Yo soy el Rey Petiso!”, parece que grité, rompiendo el silencio del lugar.
6.
Diría, con un poco de miedo a equivocarme, que la primera visita debe haber sido a manos del colegio, cuando fuimos al Museo Histórico Sarmiento, que queda en la calle Juramento. Mi recuerdo está lleno de ruidos y olores típicos del colegio: el griterío, las bolsitas llenas de caramelos y chupetines que comprábamos para llevar, el miedo a haber olvidado la autorización y la plata para el paseo. Me acuerdo de que era un día de mucho frío y perdí un guante azul (en mi colegio, todo era estrictamente azul) en el trayecto.
7.
Si mal no recuerdo, el primer museo que pisé fue el Museo de Ciencias Naturales que queda en la calle Ángel Gallardo. Fui con la escuela y, luego, les pedí a mis padres que me llevaran nuevamente al lugar, tan deslumbrado quedé. Me acuerdo de que, cuando fui con mis padres –no solía hacer salidas de ese tipo con ellos–, les pedí que me compraran unas mariposas que estaban pinchadas sobre unos pedazos de telgopor. Sé perfectamente en qué cajón tuve guardadas esas mariposas durante varios años.

24.5.08

CONSULTE A SU MÉDICO

Encontramos hoy algunos datos estadísticos sobre las consultas que se realizaron en las computadoras (“terminales de autoconsulta”) de la Feria del Libro de Buenos Aires entre el 24 de abril y el 10 de mayo.
Aunque tal vez esta información parezca un tanto “vieja”, queríamos tomar algunos datos que nos llamaron la atención:
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Consultas
Por título: 29 %
Por autor: 34 %
Por tema: 27 %
Por editor: 8 %
Por otros: 2 %
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Los diez más consultados
a. Por título
Martín Fierro
Las mil y una noches
La metamorfosis
Antígona
El arte de la guerra
Orgullo y prejuicio
Van Gogh, el suicidado por la sociedad
El príncipe
Cien años de soledad
La casa de Bernarda Alba
b. Por autor
Antonin Artaud
Atahualpa Yupanqui
Isaac Asimov
Umberto Eco
José Hernández
Jane Austen
Pablo Neruda
Deepak Chopra
Elsa Bornemann
Sófocles
c. Por tema
Informática, internet
Literatura argentina
Sociología
Arquitectura
Psicología popular, autoayuda
Economía
Historia de Argentina
Literatura infantil y juvenil argentina
Psicología
Ciencias médicas
d. Por editorial
Paidós
McGraw-Hill
Sudamericana
Planeta
Aguilar, Altea Taurus, Alfaguara
Emecé Editores
Grupo Editorial Norma
Losada
Fondo de Cultura Económica
Atlántida
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Los interesados en el tema pueden hallar más referencias aquí.
Por otro lado, Blue (quien, cada tanto, comenta aquí) ha realizado en su blog una encuesta bastante peculiar y queríamos recomendarla.

14.5.08

AMANECE Y YA ESTÁ...

Durante las últimas semanas, invitamos a algunos destacados fotógrafos y dibujantes a realizar un dibujo o una ilustración a partir de la frase “Amanece y ya está con los ojos abiertos”.
No hicimos referencia al origen de esa frase (repetida en El limonero real, de Juan José Saer, casi como una fórmula que estructura la novela); sin embargo, uno de los que ha participado en la encuesta manifestó conocerlo.
Aquí van las cuatro imágenes que nos han enviado. Agradecemos muchísimo la colaboración.
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Addenda: Aquí va una foto más, que acabamos de recibir.
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7.5.08

EL OLOR DE LA GUAYABA

En una entrada del controvertido libro Borges, Bioy Casares cuenta: “De pronto sentí un olor que me conmovió. Borges me dijo que los recuerdos que más nos emocionan son los de los olores y gustos porque suelen estar rodeados por abismos de olvido: hay que oler el mismo olor para recordar un olor, hay que sentir el mismo gusto para recordar un gusto”.
Durante los últimos días, les preguntamos a algunas personas (vía mail, lo que seguramente explique la respuesta 7) cuál era el último olor que recordaban haber percibido.
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1.
El olor a humedad del baño rosa.
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2.
Olor a nuevo de ropa recién estrenada, de apresto sintético de ropa que aún no se lavó.
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3.
A la tarta de jamón, queso y cebolla que está en el horno.
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4.
El del cerdo que acabo de cocinar.
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5.
El fétido olor del pus.
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6.
El olor de la salsa de tomate de una milanesa napolitana.
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7.
El último olor que recuerdo es el olor a mail nuevo, que me encanta.
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8.
Acabo de levantarme y recuerdo que anoche sentí olor a pasto quemado.
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Aprovechamos para dejar dos alusiones cinematográficas casi obvias: el tráiler de El perfume (la película de Tom Tykwer basada en el libro de Patrick Süskind), con un doblaje temible, y una escena de Perfume de mujer (el film de Martin Brest basado en una novela de Giovanni Arpino).

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28.4.08

EL QUE BUSCA...

Como cualquiera sabe, el buscador Google es una enorme caja de sorpresas. Uno puede encontrar allí cosas de lo más insólitas.
De hecho, alguna gente ha llegado a La Caramañola luego de buscar en Google “soñar con serpientes”, “cosas para comprar en las cataratas” o “imágenes de triple salto”, aunque la paranoia nos incita a pensar que se trata de una broma pergeñada por la compañía que lleva las estadísticas del blog. En fin...
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Durante los últimos días, les preguntamos a algunas personas cuál había sido su última búsqueda en Google; obviamente, respetamos errores de tipeo y uso de mayúsculas y de comillas.
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1.
farandulera cocaína
2.
Pederastra
3.
monte chingolo historia su gente
4.
“t61”
5.
el final del arte arthur danto
6.
“esos ratitos que me das” sanz lyrics
7.
“ciudad de salta”
8.
Ro Art
9.
film noir
10.
extimidad o extimo
11.
lumix lx 2
12.
“Christophe Krywonis”
13.
“The Formado”
14.
dj prime kanye
15.
saltbury hill peter gabriel genesis
16.
“disritmia” zeca baleiro
17.
sebastián pineda buitrago
18.
tim roth imdb

19.4.08

REAL ACADEMIA 2

Hace unos días, publicamos algunas definiciones realizadas entre 1997 y 1999 por alumnos de una escuela pública que rondaban en aquel momento los 15 años de edad. Aquí sumamos varias más (para respetar los originales, mantenemos los errores de puntuación, ortografía y sintaxis):
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Abrelatas: Instrumento que se usa para el uso doméstico de la casa.
Abstracción: Algo que te gusta y quedás enganchado pero no se puede ver.
Abstracción: Es algo abstracto, el alma.
Agua: Líquido que sale de la canilla, o se encuentra en mares, ríos.
Alumno: Es un chico que aprende a estudiar si quiere.
Alumno: Castigo que se realiza en el colegio (yo).
Atardecer: Cuando empieza la noche y termina la tarde.
Belleza: Cosa que resalta (Martín).
Belleza: Algo como la hermana de Lopez y mis compañeras (Judith y la hermosa, potra, inigualable de Claudia).
Brazo: Lo que sostiene a la mano y a los dedos. Parte del cuerpo.
Cárcel: Lugar horrible, lo peor que hay en el mundo.
Cárcel: Es un lugar donde estan las personas encerradas por un delito que halla cometido y no puede ver los autos, las calles, etc.
Casa: Es un hogar donde viven las familias.
Casa: Estructura edificada donde se puede habitar.
Catarata: Enfermedad que puede sufrir los hojos o la vista.
Catarata: Curso de agua que en momento de su trayecto cae para abajo.
Moneda: Pequeña pieza, que se utiliza para poder cambiarlo por algo necesario de valor.
Moneda: Dinero, él cual se usa para comprar diversas cosas.
Muerte: Es algo que se lleva a las personas cuando ya no tienen que vivir más.
Muerte: Es cuando una persona deja de vivir y pasa a la segunda etapa, que sería la muerte, es decir, la vida después de haber vivido y morir.
Muerte: Momento en el cuál nadie sabe que va a pasar después.
Música: Es un viaje a la relajación mental.
Música: Sonidos armoniosos y rítmicos formados por instrumentos de música.
Normal: Que no tiene defectos.
Normal: Algo que está dentro de las cosas cotidianas.
Paquete: Cosa hecha de cartón q’ guarda cosas.
Risa: Lo que no puedo dejar de hacer, depende el día.
Risa: Es cuando una persona larga un sonido que sale desde su voca en forma de alegria; (forma de expresar un sentimiento).
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Cuando alguien habla de lo que los niños y los adolescentes manifiestan en la escuela, resulta casi imposible no citar los dos volúmenes de ¡Qué porquería es el glóbulo! En ellos, se recopilan frases que el maestro uruguayo José María Firpo escuchó o leyó de sus alumnos, cosas como “el cigarro y la grapa son las dos porquerías más grandes que hay”, “hay que encerrar los mosquitos en una pieza y los enfermos en otra”, “los insectos se parecen muy poco al hombre” o “un virtuoso es un músico con la moral bien alta”.

11.4.08

REAL ACADEMIA

Hace cerca de diez años, uno de nosotros tuvo ocasión de coordinar (junto a otra gente) un taller literario en una escuela pública. Un ejercicio que se les pedía a los alumnos abarcaba la definición de seis o siete palabras (de una lista, cada quien tomaba las que mejor le cuadrasen). Los resultados de la propuesta fueron increíbles. Aquí, algunas de las definiciones que hicieron los alumnos, que rondaban los 15 años de edad, entre 1997 y 1999 (para respetar los originales, mantenemos los errores de puntuación, ortografía y sintaxis):
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Abrelatas: Utensillo que facilita abrir latas.
Abrigo: Vestimenta que se utiliza para recubrir el cuerpo en bajas temperaturas.
Agua: Es imprescindible para la vida.
Alumno: Persona o chico que estudia en un colegio.
Alumno: Es una persona q’ la cual estudia para su futuro y depende de él si quiere ser algo en la vida.
Atardecer: Fin del día y comienzo de la noche.
Atardecer: Termino dado cuando el sol se pone.
Brazo: Algo largo y que se mueve hacia donde nosotros queremos y es de mucha utilidad.
Brazo: Objeto, que esta situado en el cuerpo de una persona.
Brazo: Parte del cuerpo que está entre las manos y los hombros.
Casa: Vivienda ó morada en q’ vive la gente para protegerse del exterior.
Casa: Hogar, vivienda cálida Espacio habierto.
Casa: Lo mejor.
Casa: Estructura edificada donde se puede habitar.
Catarata: Una enfermedad de la vista o las cataratas del agua o sea las cataratas del Iguazú.
Extranjero: Persona que no es del País.
Hombre: Persona humana.
Moneda: Cosa de metal que se utiliza para comprar.
Moneda: Metal de color que en su mayoría es de color plateada o dorada y sirve para movilizarse en un pais o en el mundo.
Muerte: Proceso final del ciclo de la vida.
Muerte: Cuando el cuerpo deja de latir y el alma lo abandona.
Muerte: Es cuando una persona se va al cielo.
Música: Es conjunto de sonidos en armonia que un cierto tipo de gente le gusta.
Música: Sonido, con unas variedades de instrumento o ruidos autoctonos etc.
Música: Es una forma de juntar sonidos en el cual da distintos movimientos a tu cuerpo.
Normal: Algo dentro de las normas.
Paquete: Se puede envolver cosas o guardar.
Pared: Parte fundamental de una casa.
Pared: Bloque solido, hecho de cemento.
Pared: Es un elemento formado por ladrillos que sirve de protección para las personas es decir en donde viven.
Risa: Movimiento de la boca y del rostro que uno hace para indicar que uno está alegre o a veces uno lo hace como un acto de burla. La risa expresa distintas emociones.
Risa: Emoción que se expresa con una carcajada.
Teléfono: Para comunicarse con las personas.
Teléfono: Aparato q’ sirve para comunicarse y hablar de un punto a otro punto.
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Silvia Katz llevó a cabo una actividad semejante en Salta, con niños de 4 a 14 años, y ha editado El pequeño ilustrado y El pequeño ilustrado 2. En esos diccionarios, uno puede encontrarse con definiciones como:
Casamiento: Cuando la mujer se viste de blanco para demostrar su inocencia y el hombre, de negro, para todo lo contrario.
Idea: Una maquinita que trabaja en el cerebro.
Placer: Un mar de huevos fritos.
Psicólogo: El que te pregunta cosas que vos pensás y todavía no existen.

4.4.08

AL MARGEN

En La prensa sensacionalista y los sectores populares, Guillermo Sunkel cita un párrafo de Michel de Certeau en el que se afirma: “La lectura no está garantizada contra el deterioro del tiempo [...], no conserva o conserva mal su experiencia y cada uno de los lugares por donde pasa es repetición del paraíso perdido. En efecto, carece de lugar”. Luego, Sunkel dice: “El análisis de la lectura se torna problemático precisamente porque ‘no conserva’, ‘no acumula’, no deja huellas, ‘carece de lugar’ y carece de memoria”.
Sin objetar eso, cabe entender que la experiencia lectora (sobre todo, cuando se habla de libros) puede dejar cierta huella: el resaltado (subrayado o lo que fuese) y las anotaciones al margen. De hecho, algunas de las primeras manifestaciones escritas en lengua romance (surgida de la lengua latina) que se conservan son comentarios al margen de textos en latín; por ejemplo, las glosas emilianenses.
En los últimos días, les pedimos a algunas personas que transcribieran la última anotación que hicieron en un libro y, de ser posible, le tomaran una foto.

1.

Rinocerontes, de Eugene Ionesco.
«Al revés».

2.
Mañana en la batalla piensa en mí, de Javier Marías.
«¡Cambio! Lo hará varias veces en el libro. ¡Y ahora vuelve!».

3.

El mal menor, de C.E. Feiling.
«El avión se mueve como si fuera de papel. Esto puede ser lo último que escriba en vida».

4.
Obra poética IV, de Alberto Girri.
«Sí sí!!».

5.
¡Usted es el fantasma!, de Franco Vaccarini.
«Este guión no corresponde».

6.
Bar Don Juan, de Antônio Callado (en portugués).
«Y de mierda!».

7.
La modificación, de Michel Butor.
«Se unen mito (relato) y personaje».

8.
El almuerzo desnudo, de William S. Burroughs (en inglés).
«¿Y si tengo demasiado mundo interno?».
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Nota: Si alguien quiere agregar material a esta seudo-encuesta, sólo debe mandarlo a animalia.blog@gmail.com.

28.3.08

SUEÑO CON SERPIENTES

En los últimos días, les hicimos a algunas personas (vía correo electrónico) una pregunta muy simple: “¿Qué soñaste anoche?”. Se trata de una suerte de encuesta sin ningún tipo de pretensión científica (sí tratamos de equilibrar los sueños de varones y mujeres).
Publicamos a continuación, sin difundir los nombres de los “soñadores”, las seis respuestas que nos llegaron:
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1.
Soñé que iba manejando un auto y que, en una ruta paralela, a unos 20 metros, iba otro auto que se movía según cómo manejara yo mi auto. Digamos que manejaba los dos autos a la vez. Entonces, tenía que estar atento a lo que pasaba a mi alrededor, pero también a lo que pasaba alrededor del otro auto. La cosa era absolutamente estresante. El otro auto chocó luego de pocos minutos, pero no quedó fuera de combate. Yo lo seguía manejando y se iba haciendo mierda, cosa que me preocupaba mucho. Luego de dos o tres choques, desperté.
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2.
Estaba escarbando mi cabeza. Yo era la protagonista del sueño, pero me veía. Escarbaba mi cabeza a la altura de la frente, hacía un pozo, pero, de repente, la vecina de abajo se empezaba a quejar a los gritos de que tenía filtraciones. A los costados del pozo que hacía en mi cabeza (era de un material como cemento), estaba húmedo. Entonces, tenía que hacer equilibrio para que los daños no fueran mayores. Me veía a mí con pantalones azules, con medio cuerpo (la cabeza y el torso) metido en mi cabeza: sólo se veían mis piernas afuera del pozo. Me desperté un par de veces, pero me volvía a dormir y el sueño continuaba.
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3.
Soñé que estaba sentado en un sillón, en una especie de fiesta, y hablaba con una mujer. Para los dos era, sin lugar a dudas, una situación de levante. Ella también hablaba con otro hombre que estaba sentado en otro sillón. Mientras el otro hombre miraba, la mujer y yo empezamos a besarnos y, cuando llegamos a un contacto sexual (no recuerdo exactamente qué fue), ella, en forma repentina, se fue a besar al otro hombre. Aunque no lo dijo, algo me sugería que la mujer iba a estar un rato con cada uno. Luego de que ella se fuera con el hombre, creo que me enojé y le recriminé su actitud, pero eso es mucho más confuso porque ya me estaba despertando.
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4.
Anoche soñé en inglés. Estaba en algún club, en un salón de juego. Damas y caballeros (knights) jugaban a la ruleta y a las cartas mientras yo me disponía a golpear una bola en un juego de billar. De pronto, en la barra, vi a mi novia, así que me excusé (en inglés) y abandoné el juego. Salí con ella del lugar. Afuera había un campo de golf con un lago en el que brillaba la luna; se oía el sonido de un arroyo y algunos arbustos parecían nerviosos por cierta brisa polar. Le hablaba a mi novia en inglés hasta que ella me pidió (curiosamente, en inglés) que le hablara en castellano. Hasta ahí me acuerdo. Sé que ella se quejaba porque me había ido a vivir a Inglaterra (en el sueño, aunque puede ser realidad) y la había dejado sola.
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5.
Soñé que bajaba al subte y, mientras iba por las escaleras, escribía. En el subte, me quedé dormida. Empecé a soñar. En el sueño, la estación estaba a oscuras. Se me acercó un chico que tenía la boca en llamas. Tuve miedo. El chico me dijo muy cerca del oído: «los poemas no se comen». Pensé que lo sabía antes de que me lo dijera y… ¡plaf!, me desperté.
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6.
En el sueño, me encontraba en una suerte de lobby de aeropuerto para viajar a Estados Unidos. Entre los pasajeros estaban el canciller Taiana y muchas personas que no conocía y, sin embargo, hablaba con muchas de ellas. Veía que todos llevaban bolsos grandes, como para una semana. Yo sólo tenía una mochila pequeña. Eso me preocupaba ya que no tenía ropa. Pensaba solucionarlo una vez que llegara; compraría todo allá. El avión no era muy grande y se suponía que ése era un vuelo contratado, privado. La cuestión es que, apenas despegó, el avión no logró tomar altura y desde la ventana comencé a ver como perdíamos bajábamos cada vez más rápido. De repente, me enteré de que íbamos a aterrizar en la calle e inmediatamente después sentí cómo aterrizaba el avión en la avenida Corrientes, sin tren de aterrizaje y sin ninguna dificultad. Con el avión levemente inclinado, los pasajeros comenzaron a bajar casi como si nada hubiera pasado. Estábamos en un terreno baldío sobre la avenida. Apenas salí del avión, me desperté.
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Para acompañar los testimonios, dejamos aquí la “cola” (o trailer) de La ciencia del sueño, de Michel Gondry.